Lady Godiva – John Maler Collier

John Collier - Lady Godiva - 1897

Título: Lady Godiva
Artista: COLLIER, John Maler (1850-1934)
Fecha: 1897
Técnica: Óleo sobre lienzo
Localización: The Herbert Museum and Art Gallery

John Collier forma parte de la llamada Hermandad de los Pre-rafaelitas, y aunque no fue díscipulo de ninguno de ellos, fue animado e influenciado por dos de sus miembros más destacados Lawrence Alma-TademaJohn Everett Millais. En este cuadro Collier representa a Lady Godgifu (God gift en inglés antiguo – regalo de Dios) que era el nombre con el que se conocía a Lady Godiva en el siglo XI. Esta noble anglosajona vivió entre los años 1040 y 1080 y fue la esposa del conde Leofric.

La pintura representa la decisión de Godiva tras pedirle a su esposo que rebajara los impuestos que había sobre el pueblo. El conde accedió, aunque con una condición: Lady Godiva debía recorrer el pueblo de Coventry a caballo, sin más indumentaria que su largos cabellos. Su decisión fue hacerlo, no sin antes acordar con los vecinos que estos se encerrarían en sus casas para no perturbarla en su desnudez.

El día elegido todos los vecinos de Coventry permanecían en sus casas y con las ventanas y puertas cerradas y cubiertas para no ver el exterior. Todos excepto el sastre de Coventry cumplieron su acuerdo con Lady Godiva, y a través del agujero de una persiana no pudo resistir observar a la condesa. La leyenda cuenta que al no cumplir su promesa se quedó ciego. Es a este sastre al que la tradición inglesa llama Peeping Tom (El mirón Tom). Además, la expresión pasó a designar en inglés a quien en castellano se llama mirón y en francés voyeur.

Como curiosidad, la prestigiosa marca belga de bombones Godiva Chocolatier debe su nombre y su logo a esta figura histórica.

3 comments
  1. Blanca Ros Solé says: 26 Abril, 20103:11 PM

    Extraordinari! colosal!

  2. Miranda says: 8 Agosto, 20108:30 PM

    Que bonita historia.

  3. Alfons Mercader says: 15 Abril, 201212:16 AM

    De una expresividad y vistosidad extraordinarias, donde el rojo sanguíneo aperejado con el blanco del equino, y la femenina, sensual silueta de la noble, forman una imágen que habla por si sola de la exquisita sensibilidad del autor.

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